La magia de construir un hogar

La magia de construir un hogar

El hogar reside donde lo haga el corazón y el corazón de Tamarros vuela por las montañas, esquiva las cimas, se remoja con la lluvia y construye el nido en una llanura escondida y libre. Durante dos semanas al año, una treintena de jóvenes crean desde la nada, un hogar que los acompañará toda la vida.

Se alza paso a paso, recordando las enseñanzas de los que ya la han construido y han dejado paso a las nuevas generaciones. Primero las tiendas, los armarios y los puentes. La primera noche es la de la emoción de volver a su segunda casa; allí donde todo es posible y su mundo compite para hacer callar el real. El día siguiente, como si de un ritual colectivo se tratara, se levanta el toldo.

La lluvia es el aliado de Tamarros, pero resguardarse de las frías gotas es tan importante como entender la importancia que ésta tiene. La última construcción en levantarse es la que da por acabada la primera fase de las dos semanas: cuando la bandera y el fulard ondean en el punto más alto del mástil, el campamento ya es una realidad. El sueño sigue viviéndose verano tras verano.

A partir de este punto empieza la libertad de sentirse único. Pocas personas conocen la sensación de crear un mundo singular, alejado de todo. La naturaleza es su compañera y el Sol su guía en las excursiones más duras de su etapa en AINA. Los Tamarros pasarán frío y sudarán del calor; se mojarán mientras corren a resguardarse debajo el toldo y se calentarán en la hoguera mientras no dejan ir ni un momento sin degustarlo como es debido.

Tamarros es único y los valores que consigue asentar en la cabeza y el corazón de los jóvenes los ayudará a hacer frente a la vida con unas herramientas únicas. Más tarde, al cabo de los años, el himno tomará sentido y cuando sus hijos quieran subir al campamento, entenderán que Tamarros nunca morirá.