El esfuerzo compartido como objetivo

El esfuerzo compartido como objetivo

Esta es la segunda entrega de una serie de pequeños artículos explicando las excursiones de AINA, desde la primera que se hace en la Casa, hasta las que se hacen en Tamarros y las cumbres que se conquistan a Caina, pasando por las que se llevan a cabo en la Borda.

 

Después de la excursión de l’Armiana, la primera que hacen los niños y niñas de la Casa, llega el sábado y los más pequeños ponen a prueba lo aprendido durante la primera semana. Salen de AINA en autobús para poner rumbo a la estación de Grau-Roig. Desde allí subirán hasta el Refugi de Juclar, situado a 2310 metros y desde el que se ve el lago de Juclar.

Esta excursión, sin embargo, no la harán solos. Los niños y niñas de la Borda, que el miércoles, jueves y viernes han estado durmiendo por patrullas a la montaña, los acompañan. El objetivo de esta excursión es que los niños de la Borda empiecen a actuar como monitores y ayuden a los más pequeños.

No es una excursión larga, pero se sube mucho más arriba que en l’Armiana, hay pasos más complicados y el clima no siempre es favorable. Sin ir más lejos, la excursión del primer turno de este último verano estuvo pasada por agua. Sin embargo, los ánimos no desfallecen y entre la ilusión de llegar al refugio y la ayuda de los Bordes, los niños y niñas de la Casa no se rinden y logran el objetivo.

Tras un primer tramo por una pista forestal sin demasiada pendiente, comienza un sendero que entre piedras y curvas, va subiendo hacia arriba. Sin desfallecer siguen los niños de siete a once años ayudados por los que ya tienen hasta catorce. Parada, desayuno y de nuevo pisando piedras y tierra.

A diez minutos del refugio se pone a llover. Ni un rastro de duda entre los monitores y las monitoras que pasaron de más pequeños por los mismos trances. Capelina, capucha y vista hacia delante. El último escollo para llegar al destino es un paso donde se usan las cuatro extremidades. Los Bordes ya han ayudado a pasar un riachuelo que ha ganado intensidad y ha sobrepasado los márgenes debido a la lluvia. Se alternan y unos ayudan a los que cierran la comitiva mientras los primeros ya han superado el complicado paso.

A partir de aquí ya se vislumbra el final de la ascensión. El viento aumenta de dureza y como el final del viaje nunca ha sido realmente el objetivo, se llega arriba, se reúne todo el grupo y se inicia la bajada sin más preámbulos. Comerán en cotas más bajas, aguantando el hambre y haciendo de tripas corazón, pero sólo de llegar a la explanada donde podrán atacar los bocadillos, la sensación del deber cumplido y el reto alcanzado inundará la felicidad colectiva. Prueba superada, experiencia ganada y Juclar en la espalda.