‘Entre Muntanyes, arrels de l’arbre’ nace de la necesidad de David Haro, niño y monitor durante años en AINA, de explicar lo que había vivido en su infancia y juventud; de como las experiencias acumuladas en la Casa de Colonias habían marcado su adolescencia y la persona que es ahora. Enseguida sumó al proyecto a Jaume Planella, también niño y monitor durante toda la vida en AINA.

 

Entre los dos tuvieron claro que el documental debía ser un proyecto del país para el país, sin dejar pasar la oportunidad de explicar todo el modelo de comunidad que había creado Mossèn Ramón cuando llegó a Andorra hace más de cuarenta años. Para ello, construyeron un equipo multidisciplinario proveniente de diferentes países para empezar a trabajar e iniciar el sueño de ofrecer un documento audiovisual que explicara AINA a las generaciones futuras y que recorra su historia.

 

El equipo se complementó con profesionales del mundo cinematográfico provenientes de México, Italia, Portugal, Alemania, España y Andorra. Se buscó la experiencia de quien conoce el país, pero a la vez, de personas que han convivido o relatado ejemplos de vida en comunidad. La sensibilidad que pedía la idea que los dos ex monitores habían desarrollado en sus mentes, era uno de los pilares fundamentales para encarar el proyecto con garantías.

 

A medida que pasaban las semanas y el proyecto empezaba a ser explicado por todo el país, se vio que gozaba de una gran aceptación en Andorra. Este impulso permitió que la mayoría del equipo, tanto humano como técnico, llegara al Principado diez días antes del inicio de las colonias. Este tiempo, sumado a lo que ya llevaban documentándose desde que se impulsó el proyecto, permitió a la parte del equipo extranjero conocer el país y empezar a empaparse de Mossèn Ramon, AINA y las montañas andorranas.

 

 

Comienza el rodaje

Las colonias en AINA comenzaron la primera semana de julio y el equipo de Entre Muntanyes se centró en seguir los pequeños de la Casa. Durante quince días fueron su sombra y aprendieron cómo era de iniciática la ‘Casa’. Más allá de los niños que conocían AINA por primera vez y descubrían un mundo nuevo, el equipo descubrió las emociones de la juventud que ya enfrentaba el último verano antes de dar el salto a la ‘Borda’.

 

El grupo de monitores del primer turno de la ‘Casa’, entre los que también había pre-monitores que sólo hacía un año todavía estaban en Tamarros o en Caina siendo jóvenes, creyó desde el primer momento en el proyecto y ejerció de guía en todas las facetas del turno. Éste fue la primera vez en que el equipo del documental salía a la montaña para grabar excursiones y comprobó las infinitas posibilidades que ofrece un país como Andorra.

 

Durante estas dos primeras semanas el equipo, poco a poco, fue adaptándose a las dinámicas necesarias que requiere una ‘Casa’ con casi 100 niños, los horarios de las colonias y los retos que ofrece grabar en alta montaña.

 

Sin ser conscientes del tiempo que ya había pasado, todo el equipo sintió la misma mezcla de tristeza y felicidad que provoca la despedida en el ‘Prat’ bajo los acordes de ‘l’Hora dels Adéus’. A pesar de la intensidad de las experiencias vividas, al cabo de dos días llegaba un turno nuevo. Tiempo suficiente para recuperar fuerzas y empezar de nuevo.

 

 

Dos equipos para el segundo turno

El segundo turno supuso ampliar durante casi diez días el equipo. De hecho, casi se dobló porque las dos últimas semanas de julio, AINA no sólo acoge el segundo turno de la ‘Casa’ y de la ‘Borda’, sino que durante ocho días los jóvenes de quince a diecisiete años hacen una ruta itinerante por la montaña, son los Caina. Como solo tiene lugar una vez en todo el verano, una parte del equipo los acompañó durante la travesía que hicieron, mientras otra parte del equipo se quedó en AINA descubriendo la vida de la ‘Borda’.

 

La ‘Borda’ es la antesala de ‘Tamarros’ —un campamento fijo construido desde cero— y ‘Caina’ —la ruta itinerante—, y los adolescentes de entre doce y catorce años que la habitan dan pasos de gigante en su educación. ‘Caina’, por el contrario, es el final de un camino y en muchos casos el principio de uno nuevo. Muchos de los jóvenes que acaban ‘Caina’, al año siguiente serán pre-monitores, y por tanto, en su tercer año, ya empiezan a actuar como tal.

 

El equipo de la ‘Borda’ seguía los cambios propios de la edad de los que habían dejado la ‘Casa’ y el modo de documentar no era tan visual y pasaba a centrarse sobre todo en las conversaciones de adolescentes. De la misma manera, las excursiones a la montaña también subían de nivel y esto implicó grabar la primera acampada de tres días del verano.

 

‘Caina’, en cambio, aunque duró ocho días, menos que un turno de ‘Borda’, supuso un gran reto organizativo tanto para el equipo movilizado como para la producción del documental y el equipo de apoyo. Técnicamente fue imposible estar presente todas las horas con la familia de ‘Caina’, pero las idas y venidas atravesando varias veces todo el territorio del país tuvieron su recompensa al ver las imágenes resultantes.

 

Y de nuevo, sin ser conscientes de ello, despedida, descanso y al trabajo. Faltaba el último turno.

 

 

‘Tamarros’, un turno diferente

Una vez el equipo volvió a sus dimensiones habituales, fue la hora de conocer uno de los puntos más mágicos de Andorra por los que lo habitan una vez al año. El campamento ‘Tamarros’ se construye de cero año tras año y forma parte de la educación que se da a los jóvenes que lo forman.

 

Situado en una explanada en un punto del Vall d’Incles, el tercer turno era el último gran reto del rodaje de ‘Entre Muntanyes, arrels de l’arbre’. La situación del campamento tampoco permitía que el equipo conviviera los quince días completos con los ‘Tamarros’, por lo que la producción y la intendencia doblaron los esfuerzos para que el equipo de grabación pudiera estar presente en la mayoría de momentos del último turno del verano.

 

La oportunidad de documentar el cien por ciento de las horas en exterior motivaba el equipo, pero reclamó una organización diferente debido a las inclemencias del tiempo. Sin embargo, ver nacer, vivir y desmontar un hogar en sólo dos semanas fue especial.

 

Los quince días en ‘Tamarros’ sirvieron para entender el círculo vital de AINA, los más pequeños que empiezan con siete años y terminan con diecisiete queriendo, en muchos casos ser monitores. De la misma manera, permitió captar y entender la principal fuerza del proyecto puesto en marcha por Mossèn Ramon: la rueda esencial de AINA, basada en el hecho de que los monitores no lo son para siempre y mientras educan jóvenes, forman a nuevas hornadas de monitores.

 

 

Y después del verano, ¿qué?

Una vez descolgada la bandera y cantado el himno de ‘Tamarros’, el verano con la juventud se dio por terminado, pero el equipo del documental aún tenía trabajo. Durante diez días se dedicaron a entrevistar a antiguos monitores, viejas generaciones que vivieron una AINA diferente y varias impulsoras del proyecto en sus inicios. El objetivo era acabar de redondear la historia y entender el peso que ha tenido, tiene y previsiblemente tendrá la Casa de Colonias para Andorra.

 

A finales de agosto el equipo se despidió para encarar la fase final del proyecto. La edición para unos y la fase final de producción para otros. El final del camino comenzaba a vislumbrarse. La ilusión de ver el resultado final es el motor que impulsa a las personas que todavía trabajan para poder ofrecer ‘Entre Muntanyes, arrels de l’arbre’, un proyecto del país para el país. Un documental que debe mostrar al mundo qué es AINA y cómo se vive desde dentro.

 

El equipo sigue trabajando y os espera el día del estreno!

 

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